A mí lo que me salió fue la Mona. Yo la vide la animala PDF Imprimir Correo electrónico

Don Rigoberto Soza Rayo narra historias reales y fabulosas del San Dionisio de antaño.

A Don Rigoberto lo encontramos sentado plácidamente en la ventecita que él y su esposa Petrona Arauz Sevilla, administran. Era casi mediodía, afuera el sol casi derretía las piedras pero la casa de Don Rigo, como le conocen en el pueblo, es un oasis refrescante. Nacido y criado en San Dionisio ya cumplió 76 años. Él es un hombre moreno curtido al sol, de frente amplia y habla fuerte que nos recibe muy amable para poder escuchar sus historias.

 

“Según me contaba mi papá – comienza Don Rigo - San Dionisio era un pueblito camino a Esquipulas, le llamaban el Espino Blanco. Eran poquitas familias de productores que se vinieron de las comarcas a vivir aquí. Los primeros fueron Don Celso Trinidad Arauz, Ángel Arauz, Natividad Gómez, Pedro Soza Salmerón, mi papá, otro señor de apellido Acosta y Don Aniceto López, Don Aniceto fue alcalde, era analfabeto pero tenía una mentalidad bárbara, no le gustaba que le reclamaran. Para las fiestas patronales hacía la lista... fulano va dar esto, fulano va a dar lo otro y así…, y si alguien le reclamaba solo decía… esos es lo que ordené, eso es lo que va a dar… en las fiestas se comía y bebía gratis. Eran tres días de fiesta.

 

“Mi papa me contó también que un aluvión barrio el pueblito y decidieron venirse a vivir aquí donde es ahora el pueblo. La casa de mi papá estaba frente a lo que ahora es el parque. Eran sólo tacotales y corrales. En esos tiempos eran sólo cuatro familias, la de Doña Luparia Hernández, la de Inés Martínez, la de Filomena Arauz y la de nosotros. Las casitas estaban comunicadas por abras, porque no había calles. Uno decía voy a hacer mi ranchito aquí, y ahí construía. Los terrenos se tomaban libremente”.

 

Don Rigo relata las historias de su padre como si las hubiera vivido. “Se dispuso hacer una iglesia provisional, se construyó con cuatro horcones. El primer sacerdote que vino se llamaba Dionisio Herrera. Era famoso porque le gustaba echarte sus traguitos en la casa de Doña Paula Hernández. El sacerdote murió viejito y lo enterraron al centro de la iglesia, eso como para el año 1920. Cuando el padre Vílchez asumió la iglesia para el tiempo del terremoto, dispuso reconstruir la iglesia que ya era de adobe. Lo que se supo es que durante las excavaciones para construirla se hallaron los restos del padre Dionisio. Y en honor a él es que el pueblo ahora se llama San Dionisio”.

 

En todo pueblo no faltan los cuentos de espantos, seres ficticios o quizá reales que siempre ocupan un lugar en la historia de cada lugar. “Aquí en San Dionisio habían sustos. Aquí salían la Carreta Nahua, el Hombre sin cabeza, la Cegua y el Cadejo. A mí lo que me salió fue la Mona. Yo la vide la animala. Cuando uno es joven sale de ronda, se trasnocha, venía yo por una calle, la veo, me vengo por otra calle y la veo ahí sentada, yo lo que hice fue pasarme en carrera”

 

“Hay gente que le gusta lo diabólico – cuanta con seguridad - yo tuve un mozo llamado Victoriano Guillén, se hacía mico. Salía de las 6 de la tarde en adelante y volvía a las 12 de la noche. Volvía con café, huevos, azúcar, carne y nos dábamos cuenta que volvía por el olor a comida. Él se transformaba, nosotros lo ipiabamos, se quitaba la ropa daba vueltas para atrás y quedaba convertido en animalito”.

 

“En la zona de Wibuse vivía un señor llamado Loreto Granados y su señora Santos Mendoza. Cuando la guardia lo buscaba se escondía debajo de una olla de barro o se hacía una cabeza de guineo, la guardia llegaba se comía los guineos y se iban. Nunca lo agarraron. Doña Santos era famosa por su albóndiga con leche materna. Para hacerlas sólo se subía la nagua y las redondeaba en la pierna. ¡Yo la vi! Y cuando nos íbamos a venir con mi papa, nos dijo… ¿y no se va a quedar para comerse su sopa de albóndiga? Que va ser, yo no me comí esas famosas albóndigas de pierna”, nos cuenta entre risas.

 

“Esos tiempos de chavalo eran buenos, salíamos de fiesta por todas las comarcas. Llegaba alguien y nos decía: ¡Mirá Rigo! Fijate, que hay fiesta en tal parte y allá íbamos a buscar la fiesta. Yo pasé como diez años tomando licor y chicha bruja en todas las fiestas. También me gustó jugar beisbol, era short y jugué en la departamental en 1974, jugamos contra Granada, León y el Bóer.”

 

Chicha

“Quiero contarle otro asunto – nos cuenta - aquí en ninguna fiesta fallaba las bebidas de chicha bruja y ya le voy a decir porque es que le dicen bruja. La chicha bruja lleva penca, semilla de ojoche, fruta de nacazcolo y un puntito de excremento para que fermente. Ese es el secreto. Se empaca en una olla de barro y lleva maíz nacido. Cuando esta de punto le echan las frutas y ese puntito de excremento. En ocho a diez días está lista. Cuando ya está de tomar ya se lo sirven en un vasito. Ya llega usted y dice ¡Probemos la bruja! Se toma el primero, se toma el segundo y al tercero se va”.

 

Don Rigo nos habla de cómo San Dionisio fue creciendo gracias a las distintas fuentes de trabajo que se fueron creando: “Al inicio San Dionisio era pobrecito, luego apareció un señor de apellido Somarriba que tenía 18 haciendas. El pobló San Dionisio, fue construyendo casitas para sus empleados. Había varias cosechas al año. Los alcaldes de antes lo único que hacían era mandar a rozar las calles, cobraban un impuesto del cual vivían y no recibían pago. Eso fue en el tiempo de Somoza. Fue cuando decidí casarme y venir a construir aquí y comenzar está venta. En esos tiempos había dinero, no había pandilleros, ni ladrones, con diez córdobas compraba y llenaba un saco. También me dedicaba a mi finca, pero ahora por mi edad ya no puedo dedicarme a la agricultura”.

 

Pero Don Rigo está preocupado por la situación actual y al igual que muchos pobladores no pierde la esperanza de ver nuevamente convertido a San Dionisio en aquel pueblito próspero de antaño. “La gente de aquí siempre ha sido muy trabajadora, pero ahora hay muchos problemas para producir. Si no fuera porque se ha recibido ayuda de los gobiernos no se hubiera podido salir adelante. Las donaciones han ayudado y poco a poco el pueblito ha ido cambiando. Uno construyo el parque, otro adoquinó las calles. Pero actualmente hay un gran retroceso. No hay fuentes de trabajo y eso si es muy triste. Pero hay fe en Dios que las cosas puedan mejorar”.

 

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